Sabemos que hacer para mejorar nuestra salud

Jun 1, 2017

Tu situación actual depende en gran medida de las decisiones que has tomado hasta ahora. La mentalidad de “la inmediatez” en un ambiente en el que prima el sedentarismo y la comida rápida, son entre otros aspectos, los que nos han llevado a una sociedad cada vez con más sobrepeso e impaciente.

A menudo buscamos la solución a nuestros problemas en un suplemento, a una pastilla, o a otra gran maravilla de la teletienda. Lo último; la pastilla que podría sustituir el ejercicio (claro que sí).

Todos estos remedios son una pérdida de tiempo. La verdadera solución es tomar mejores decisiones. Cuando tomamos mejores decisiones respecto a nuestra alimentación, nuestro cuerpo y nuestra vida mejoran.

A menudo las malas decisiones se toman por desconocimiento. Vivimos en un entorno donde la cantidad de información es apabullante. Continuamente estamos bombardeados por los media y creemos cualquier cosa que nos dice Google.

Nos bombardean con lo peligrosas que son las grasas, el colesterol y la carne roja. Mientras, oímos lo buenos que son los cereales de desayuno, las galletas digestivas, los nuevos yogures con quinoa, e incluso  lo “necesarios” que pueden ser unos polvos para el buen crecimiento y desarrollo de los más pequeños.

No obstante, más allá de la gran cantidad de (mala) información, todos sabemos que moverse es mejor que estar sentado todo el día y que una ensalada es mejor que una pizza.

La mayoría de nosotros sabemos lo que tenemos que hacer para mejorar nuestra salud. Pero ¿Por qué no lo hacemos?

¿La respuesta? Ojalá la supiera. Pero lo que si sabemos es que la mayoría de comportamientos automáticos son el resultado de millones de años de evolución. Todos ellos están justificados para maximizar las probabilidades de supervivencia y de reproducción.

Cuando nuestro cerebro reconoce una oportunidad de recompensa, segrega dopamina (un neurotransmisor que nos prepara para la acción) activando el sistema de recompensa. Es quien nos da el  instinto de supervivencia.

Hace millones de años, en plena escasez alimentaria, tenía sentido disponer de un mecanismo que nos empujara a la acción para conseguir alimento, ya fueran: unas bayas, un fruto …

Actualmente, el sistema de recompensa activa el deseo por algo, pero no es propiamente el disfrute de “ese algo” lo que nos reconforta.

¿Alguna vez has deseado algo  y una vez lo has conseguido has sentido que no era para tanto? ¿Te  has cansado de éso una vez ya lo has logrado?.

La función principal de la dopamina no es hacernos felices sino hacernos perseguir la felicidad. A menudo las personas confundimos la promesa de recompensa con la garantía de felicidad.

Extrapolando esta teoría a la alimentación, podríamos decir que cuando vemos una pizza o un dulce, nuestro sistema de recompensa se activa (liberando grandes cantidades de dopamina) y creemos que comernos ése trozo nos hará más felices.  Sentimos el deseo de comérnoslo (preparación), y al hacerlo (acción) reflexionamos que tal vez no deberíamos haberlo hecho.

No se trata de tener fuerza de voluntad, se trata de escuchar a tu cuerpo, entender las señales que te manda, recordar cuál es tu propósito, aquello que realmente anhelas, el para qué has decidido aquello que te has propuesto.

La mayoría de nosotros sabemos lo que tenemos que hacer para mejorar nuestra salud. Pero ¿Por qué no lo hacemos?

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies